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Mistico

Texto escrito por : Rafa Pal

Seguramente, si hiciéramos una encuesta acerca de cuáles son las grandes lumbreras de la historia, muchos nombrarían a Descartes, a Galileo, a Marx, a Freud, Nietzsche, a Einstein o, más modernamente, a Stephen Hawking. Veríamos en ellos, a las personas que más lejos han llegado a la hora de explicar cómo funciona el mundo, qué cojones es esto de la vida.

Seguramente, poca gente pensaría en Jesucristo, en Gautama Buda, en Confucio, en Lao Tzé, Al Rumí, Jalil Gibrán, Paracelso o en los alquimistas, chamanes y magos que en el mundo han sido. Su saber ha quedado olvidado porque en un mundo donde manda la tecnología parece bastante inútil preguntarse por lo que sucede en el interior de las personas, por el Karma, por el alma.

Mientras que los primeros intentaron explicar cómo sucedían las cosas, los segundos se dedicaron a algo todavía más práctico, llegar al origen de todo, para qué suceden las cosas. La idea de Dios, lo trascendente, cómo alcanzar la felicidad, la armonía, la integración con la Naturaleza, con el devenir de la vida.

Las religiones han explicado cómo acceder a Dios a través de ritos, de cánticos, bailes, ofrendas, sacrificios y procesiones, constituyéndose, de hecho, en intermediarias con la divinidad. Sin embargo, a lo largo de la historia, los místicos de todas las religiones (cristianos, sufíes musulmanes, sadhus indios, ermitaños, anacoretas...) han prescindido de intermediarios para buscar a Dios en su interior, directamente. Dejando de pensar para vivir, simplemente. Descubriendo que la conciencia está, sencillamente, en la intuición ingenua, la de un niño.

Muchos de ellos se volvieron ermitaños, se alejaron del resto de la humanidad porque les incomodaban en su búsqueda, para poder seguir con sus visiones, con sus percepciones alejadas de las costumbres dominantes. Algunos lo hicieron a través de las drogas, como los sadhus indios, que le pegan bastante al cáñamo, o los modernos rastas africanos/americanos, que creen ver en las nebulosas canábicas de las canciones de Bob Marley, la espiritualidad perdida del hombre negro. (En el Africa Occidental, los rastas han mezclado la ideología rastafari con el Islam para crear una especie de secta, una especie de comunidades religiosas, llamadas "Bayfall").

Yendo más lejos, hasta los hippies blancos de California tenían mucho de místicos, o por lo menos, pretendían serlo. No hay más que recordar la gloriosa película "Hair", los festivales de Woodstock y Monterrey, el "All you Need is Love" de los Beatles, la era de Mamas & The Papas, Jefferson Airplane, Love y demás grupos salidos del Verano del amor, del mágico verano de 1967 en el que "Si vas a San Francisco-no te olvides-llevar flores en el pelo". No fue casualidad, por aquél entonces, entrábamos (entraban, porque muchos no habíamos nacido) en la era de Acuario y salíamos de la de Piscis, la era del conocimiento. Como todos sabéis, el verano del amor, los hippies y la marihuana, terminó con el LSD y la heroína, fue visto y no visto lo que duró el buen rollito. En el año 1971 los "santos" Janis Joplin, Jim Morrison y Jimi Hendrix se marcharon, por diferentes vías, al otro barrio. Lennon aguantó una década más con su mensaje y se convirtió, para algunos, en una especie de reencarnación de Jesucristo, en el símbolo del Bien. Generalizando muchísimo, en lugar de a Dios, los hippies vieron a Satán y acabaron o yonquis perdidos o yuppies recalcitrantes. Por supuesto, hubo excepciones, claro, tipos como William Burroghs, Lou Reed o Keith Richards, pero éstos nunca fueron hippies ni buenris, más bien eran unos descreídos que anticiparon la llegada del punk, del nihilismo, del Sin Dios.

Dicen los astrólogos que ahora nos encontramos en una fase intermedia entre el final de la era de Piscis (la del conocimiento) y la de Acuario (la del Amor) que se instalará definitivamente en el 2012. Por lo visto, hay un periodo de varias décadas hasta que se asienta una nueva era, mientras tanto la de Piscis y la de Acuario siguen debatiéndose, en lucha, de ahí las inseguridades del momento que vivimos. Por ello, no es de extrañar que ahora, a principios del siglo XXI, muchos buenris como el que esto escribe nos hayamos acercado a los saberes de otras civilizaciones (china, japonesa, india, africana, mejicana) para conocer lo que sus buscadores han averiguado acerca de la vida, y de la muerte.

Como afirmaba hace meses Maripili, el movimiento de la nueva era tiene mucho de moda y de buenrollitismo, de esnobismo. Ahora bien, eso no quita para que en esos libros antiguos, de filosofía oriental (Libros del Tao, I Ching, Confucio, los cuentos sufíes, el Yoga, el inmenso Jalil Gibrán, creador de esa maravilla llamada "El profeta") se encuentren reflexiones infinitamente más útiles que en la mayor parte de las novelas que se publican en nuestros días. Por supuesto, los buenris, guiados por un esnobismo supino miramos a lo exótico, a Oriente, cuando en nuestra propia cultura, y en nuestro país, han existido místicos a los que rinden culto estudiosos de aquellos lejanos lugares, especialmente los abulenses Santa Teresa y San Juan de la Cruz. El cristianismo no está de moda, claro.

¿Por qué este reverdecimiento del misticismo?

Según el experto Mircea Eliade (una joya, de verdad), cada descubrimiento o invención del ser humano ha modificado su visión del mundo, ha "creado" un nuevo Hombre. El descubrimiento de la agricultura, de cómo el sol y la luna, y sus respectivos ciclos, influyen en la cosecha, aparejó la adoración a estos astros, los cultos a la fecundidad y a la primavera, a la recolección del alimento, de la Energía. Las hogueras de San Juan del final de la primavera o las fiestas de la vendimia serían una reminiscencia de esos ritos, llamados paganos, pero en realidad profundamente religiosos, mágicos, de adoración de la Naturaleza. El descubrimiento de los metales, y la metalurgia, según el sabio Mircea Eliade, conllevó la aparición de la alquimia, que llegó a Europa en el medievo a través de los árabes (éstos, a su vez, lo habían aprendido de las culturas mesopotámicas, ésas que el amiguete Bush se empeña en humillar). Posteriormente, la alquimia, el conocimiento de las propiedades de las sustancias y elementos naturales, daría lugar a las ciencias naturales occidentales y de ahí, a la concepción del hombre como el centro del Universo, al Humanismo y el empirismo y materialismo desbocado, al Sindiós del punk. De esta forma, se borró de un plumazo la concepción alquímica de la ciencia como una vía esotérica, mística, de conexión del Hombre con las entrañas de la Tierra, de donde se extrae el mineral y con el Universo, de donde provienen los meteoritos.

Los medios de comunicación masivos, primero el teléfono, después la radio, la televisión, y ahora, el culmen de todos ellos, la enciclopedia por excelencia, Internet, han provocado la aparición de la famosa Aldea Global, un invento atribuido a McLuhan pero del que nuestro Ortega y Gasset ya había hablado en los años treinta. El que, ahora mismo, pueda haber un argentino, un norteamericano, un colombiano y un español leyendo este mismo artículo, es decir, comunicándose sobre un mismo tema a través de unos simples cables de metal es algo que, si lo pensáis bien, no puede ser calificado más que como algo mágico, esotérico, si me permitís la expresión, la polla en vinagre. Dejando al margen el hecho evidente de que es el hombre quien lo ha realizado, la consecuencia de este invento es que, de alguna manera, las mentes de muchas personas están conectadas, están "unidas". Eso, y nada más que eso, la unión de lo intangible, de la energía que fluye, de lo que permanece una vez que el cuerpo se ha marchado, de la esencia de todos los seres vivos, e incluso de los muertos, porque para los alquimistas también las piedras tienen sus virtudes, de ahí que el zafiro, el jade o el diamante sean consideradas piedras preciosas con virtudes terapéuticas, como las hierbas, eso es Dios. En definitiva, la energía que no se agota jamás, la única enteramente renovable, que permanece, que se traspasa de unos seres a otros. El Amor.

Desde este punto de vista, la mera existencia de Internet, la conexión de las mentes y las almas de tanta gente a lo largo del planeta es una buena prueba de que algo está sucediendo en todo el Mundo. El encuentro de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur (algo menos, aunque las ONGs y los viajes también contribuyen al acercamiento de todos los seres humanos), la revalorización de las filosofías extrañas, alejadas, su fusión, como las de las músicas llamadas del Mundo, con las culturas autóctonas, con todo el esnobismo, falsedad y buenrollitismo que se quiera, todo ello nos encamina a lo que se llama "Nueva era". Es el presagio de que algo está cambiando, de que la gente está buscando algo diferente a lo que dedicarse, más allá de las cosas materiales. Eso, entre otras muchas cosas, constituye el sentido místico de la vida.